Esa etapa que da pánico y que es la que nos conduce a la edad adulta.

Cuando Muriel me pidió que escribiera sobre adolescentes ya llevaba un tiempo preparándome mi primera charla sobre esta etapa que me fascina. Trabajo con un grupo fantástico de chicos y chicas que (según lo que me cuentan) en el IES no tienen mucha presencia y pasan desapercibidos.

Al iniciar mi trabajo para realizar éste taller les pregunté ¿qué les gustaría que les dijera a los padres y madres en la charla que voy a realizar?

La respuesta fue clara. “Que nos escuchen, nos entiendan, porque son los que no saben nada de lo que nos está pasando”.

Es necesario saber que, la adolescencia se asoma, mamá y papá dejan de ser los reyes de la fiesta para convertirse en simples invitados. Es momento de no querer parecerse a sus referentes para pasar a buscar su propia identidad. Tienen la necesidad básica de encontrarse en medio del mundo para poder entenderlo. Descubren que todo lo que papá y mamá les decía tenía que ver con su mapa mental y que ahora pueden construir el suyo.

Así que, es hora de salir a la palestra y es además necesario para enfrentarse a la vida, para algún día emprender rumbo. ¿Qué necesitan entonces?

A los iguales, sus amigos y amigas que se convierten en los únicos que los entienden. Ahí ponen todas sus pasiones y empiezan los conflictos tan necesarios también para aprender a relacionarse y surgen los primeros sentimientos de amor romántico.

A los padres y madres nos da pavor pensar que perdemos el control, y jugamos a dar y quitar según nos llegue en ese momento. Entramos en luchas de poder porque se han vuelto seres únicos que se lo saben todo. Si a esto le sumamos que el cerebro les pide experiencias para integrarse, que pesan más los pros que los contras de todo lo que acontece. Resulta que cuando más privacidad necesita es cuando más queremos saber.

Son unos vagos, escucho cada día… hay que tener una mirada más amplia y ver que muchos adolescentes realizan estudios, trabajan en proyectos, son buenos deportistas, bailarines… y existe un grupo desmotivado, al que el sistema tampoco le ayuda. Mi trabajo me ha enseñado que si les ofreces un proyecto donde tienen voz, se les escucha y se llevan a cabo sus ideas; se involucran. Es entonces cuando hablas con sus familias y estos chicos y chicas no se parecen en nada a lo que los padres y madres te cuentan.

Hay que aceptar que la familia en muchos casos no está presente, que saber estarlo significa dejar de lado el móvil y poner tus cinco sentidos, escuchar lo que te tiene que decir y que lo que ahora no es importante para ti sí que lo es para él o ella y que sino prestas atención, mañana tampoco lo contará.

Van a equivocarse, van a cometer errores, uno tras otro porque la etapa invita a ello por mucha crianza respetuosa que hayan tenido.

Entonces, la gran pregunta es ¿qué hacemos?

  • Como adultos cuidarnos, mimarnos, retirarnos cuando sea necesario y modelar.

  • Recordar nuestra etapa adolescente. Pensar si no hacíamos determinadas cosas por miedo o sumisión o si las hacíamos a escondidas para que nadie se enterara.

  • Escuchar más que hablar. Ya saben cómo tienen que hacer las cosas, no son tontos ni tontas. No lo repitas.

  • Cuéntales cosas de tu adolescencia, háblale de sentimientos.

  • Si pasa algo en casa o en tu vida, hazle partícipe porque sólo si es así, sentirá que puede venir a contarte sus cosas.

  • No prohíbas, da opciones.

  • Abrázale, tus miedos tuyos son. No los proyectes en ellos.

  • Si tiene una actuación, representación… vete a verle. Aunque ocupes el último asiento debe saber que estás ahí, disfrutándole, dándole tu apoyo.

  • No hagas nada que él o ella pueda hacer. Hazle sentir que es capaz.

  • Involúcrale en los límites para respetarse mutuamente.

  • Dile que confías y que no pasa nada si se comete errores, que puede contar contigo porque tú también te equivocas.

  • Deja de pilotar y siéntate de “copiloto”. No le abandones porque te sigue necesitando, desde otra perspectiva.

Recuerda que esto sólo es una etapa que pasará, que no es nada personal. Un día llegará y será el adulto esperado, y entonces… sonreirás satisfecho/a.

Estrelicia Vega

Soy madre de Leyre y Neyzar, Educadora Infantil y Facilitadora de Disciplina Positiva, acompañante de pequeñas y pequeños gigantes!

Puedes seguir todo su proyecto en su página de facebook: El arte de Acompañar con Disciplina Positiva  

Este es su correo electrónico : estreliciavegacruz@gmail.com

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